26 Feb
26Feb

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. 

Efesios 5:1-2

Los niños tienen la capacidad de imitar a sus parientes o a personas que ellos admiran. Es maravilloso ver cómo aprenden de la convivencia con sus padres. Corresponden a todo el amor que reciben. El apóstol Pablo dice que debemos ser así con Dios, imitadores de nuestro Padre y vivir en el amor, como él es amor. 

Pero la pregunta es: ¿cómo puedo hacerlo?

Por supuesto, no podemos imitar a Dios en su omnipotencia u omnipresencia, ni tenemos su poder creador o salvador. Lo que Pablo dice es que, puesto que Dios es amor, debemos vivir en el amor. Dios es luz, por lo que debemos caminar en la luz. Dios es verdad, por lo que sus hijos deben practicar la verdad.

Pablo dice que debemos imitar a Dios porque somos sus hijos amados, porque fuimos comprados a un alto precio; por eso debemos “vivir en el amor”. 

El amor es perdón, es abnegación. Pero sólo podemos vivir así si nos relacionamos con Jesús.

Tenemos que hacer una elección diaria: ¿quién será mi punto de referencia? ¿Será nuestra sociedad idólatra, egoísta y narcisista, o Jesús, que es amor?

Que el Señor nos guíe, a tomar la mejor decisión, que sólo será seguirle, con fidelidad, con lo mejor que tenemos y de la mejor forma que podemos, todos los días de nuestra vida.

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