15 Oct
15Oct

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Juan 10:10

Desgraciadamente, muchas personas tratan las cosas que son espirituales como físicas, y en esta falta de discernimiento, pierden la alegría y la satisfacción de la vida. Permiten que el ladrón de la alegría les robe no sólo la satisfacción de las bendiciones recibidas, sino también que destruya su paz y la armonía en las relaciones. La Palabra de Dios es clara: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”. (Juan 10:10)”.

Este es el papel del maligno. Odia a los hijos de Dios y todo lo creado por Él. Su trabajo es causar destrucción y muerte. Siembra la confusión, la contienda y trabaja para la separación. Propaga mentiras, porque “él es el padre de la mentira” (Juan 8:44) y se deleita en robar la alegría, la esperanza, la fe y la paz de los hijos de Dios. Debemos estar alerta ante la batalla espiritual que se libra a nuestro alrededor.

Esta guerra es contra “principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. (Efesios 6:12) No es una lucha contra las personas, sino contra las astutas artimañas del diablo. Ignorar las artimañas, los engaños del maligno es decretar nuestra propia derrota. Él Trabaja sin parar. Siempre está intentando “robar, matar y destruir” los sueños, los proyectos y los propósitos de vida que Dios tiene para nosotros.

¡Hoy es el día de tomar la posición correcta en esta guerra! Es hora de tomar la armadura de Dios (Efesios 6:11-21) y hacer la guerra con las armas adecuadas (2 Corintios 10:4). Es hora de someternos a Dios y resistir al diablo (Santiago 4:7). 

Es hora de fortalecernos en el Señor y en la fuerza de su poder (Efesios 6:10), manteniendo nuestra mente alerta, atenta, vigilando en todo momento (1 Pedro 5:8), para que el ladrón de la alegría no nos robe las bendiciones que hemos recibido y el placer de vivir la vida, ¡la vida que Dios ha planeado para nosotros!

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