21 May
21May

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación. 

Efesios 2:14

La paz no es la ausencia de problemas, es la confianza en medio de la tormenta. Es el triunfo de la fe sobre la ansiedad. Es la plena esperanza colocada en la verdad de que Dios controla esa situación por la que estamos atravesando, aunque las riendas de tal situación hayan escapado totalmente de nuestras manos. La paz no es un puerto seguro, sino la forma en que navegamos por los mares agitados de la vida, para finalmente llegar a tierra firme.

La paz no es sólo un sentimiento, sino sobre todo una persona: Jesús. Por Cristo tenemos paz con Dios, porque en él hemos sido reconciliados con Su gracia. En Cristo tenemos la paz de Dios, la paz que sobrepasa todo entendimiento, y que es el resultado de una relación correcta, constante y fiel con Nuestro Padre de los Cielos, marcada por la oración constante, el entendimiento de sus revelaciones y su aplicación diaria en nuestra vida, para ser más, cómo Él desea que seamos, para Su gloria y honra.

Cuando obtenemos este tipo de paz seremos conscientes de que ella, coexiste con el dolor, se mezcla con las lágrimas, pero al mismo tiempo sobrevive a la tribulación e incluso, ante la muerte. Es la paz que supera todo entendimiento. Es la paz que el mundo no conoce, no puede dar y no puede quitar. Es la paz que viene del cielo, la paz que emana del trono de Dios, el fruto del Espíritu Santo.

¿Conoces esta paz y disfrutas de ella? ¿Te has inundado de ella? Esta paz está a tu disposición ahora mismo. ¡Sólo tienes que entregar tu vida al Señor Jesús, y seguirle!

Toma esa decisión hoy, y deja que la paz de Dios inunde Tu existencia, cada día de Tu vida.

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