02 Mar
02Mar

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,

2 Corintios 4:7

Si usted lee este capítulo, Pablo nos ayuda a comprender que este tesoro del que se refiere en la escritura de hoy, está en el ministerio, el evangelio, la Palabra de Dios, la luz y la gloria de Dios, la presencia de Dios. Pablo quiere que comprendamos que Dios ha puesto en nosotros un increíble tesoro espiritual, un tesoro que reside en vasos de barro, nuestros cuerpos. ¡El tesoro está en usted y en mí!

Pero ese tesoro tiene que ser derramado.

No puedo dejar de pensar que Pablo se estaba refiriendo a dos vasijas de barro en particular que se usaban en aquella época. Uno era la vasija de misericordia y la otra la vasija de honra.

Uno de los lugares donde podría encontrar la vasija de honra era en el hogar. Las personas usaban esta vasija para lavarse los pies después de haber recorrido las calles polvorientas antes de entrar a la casa, o la usaban para saciar su sed. Así como esa vasija de honra, nosotros debemos lavar los pies de nuestra familia, humildemente servirles y ayudarles a satisfacer su sed de más de Dios.

La vasija de misericordia era idéntica a la vasija de honra, pero se encontraba en los lugares públicos como la plaza mayor, para que cualquier viajero que venía de esa tierra árida pudiera encontrar agua fresca. Estaba situada donde estaban las necesidades.

Necesitamos llevar la misericordia donde la misericordia se necesite más: a los caminos de la humanidad.

Usted es una vasija de barro lleno de Su tesoro espiritual, así que empiece a derramarlo en su casa y allá donde estén las personas.

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