03 Aug
03Aug

Salmos 73:23-24: Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria.

Sin embargo, a pesar de toda los errores y la ignorancia que David  acababa de confesar a Dios, era cierto y verdad que había sido aceptado, perdonado y bendecido por la presencia constante de Dios. Plenamente consciente de la pérdida de su propia posición, y de la falsedad y vileza de su naturaleza, sin embargo, en una manifestación de fe, cantó: “Con todo, yo siempre estuve contigo.

” Por ello hermano, esfuérzate por afirmar, con un espíritu similar al de David: “Sin embargo, puesto que pertenezco a Cristo, estoy continuamente con Dios. ”Esto significa que estoy continuamente en su mente. Dios siempre piensa en mí, para bien. El Señor nunca duerme; vela perpetuamente por mi bienestar. Estoy constantemente en Sus manos, de modo que nadie podrá arrebatarme de esas manos. 

Estoy continuamente en su corazón, colocado allí como un memorial, igual que el sumo sacerdote llevaba siempre los nombres de las doce tribus de Israel en su corazón. Oh Dios, tu amor siempre me alcanza. Dios siempre hace que la providencia trabaje para nuestro bien. Me has grabado como un sello en tu brazo. Su amor “es fuerte como la muerte” (Cantar de los Cantares 8. 6). 

“Las muchas aguas no pudieron apagar el amor, ni los ríos ahogarlo” (v. 7). ¡Qué gracia tan admirable! Permanezco aceptado en Su presencia, disfrutando continuamente de Su favor. En esto se encuentra nuestro consuelo para el alma probada, afligida y turbada en lo más íntimo de su ser.

En saber que podemos decir: “Sin embargo”, y recibir la paz que da esa frase: “Sin embargo, yo estoy siempre contigo”.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.