29 Nov
29Nov

Amo a Jehová, pues ha oído Mi voz y mis súplicas; Porque ha inclinado a mí su oído; Por tanto, le invocaré en todos mis días. 

Salmos 116:1-2

Hay tantas razones para estar agradecido que a veces me faltan las palabras para verbalizar mi gratitud al Dios Eterno. La fidelidad del Señor me sorprende cada día. Cada palabra que hallo en su Palabra nos revela sólo la verdad y cada promesa que en ella se ha establecido, podemos darlo como un hecho que será cumplido. Cuando nos dirigimos a Nuestro Padre en oración, creyendo en su Palabra, Él no tardará en responder a nuestro clamor: “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”Lucas 11:10

La respuesta del Señor siempre llegará. Pero no siempre será como nosotros queremos. Como Padre bondadoso, nunca permitirá que obtengamos cosas o vivamos situaciones sin que intervenga Su propósito. Y todo ello porque Él hace todo para cooperar en nuestro bien.

De ahí que Cuando tomamos la decisión de depender de Dios a diario, de adorarle independientemente de las circunstancias, llegamos a comprender la paternidad perfecta que nos ofrece.Después de conocer a nuestro Padre, nuestro corazón ya no puede vivir sin el calor de su presencia. Él es quien nos protege, quien nos libra del peligro, quien nos abraza, nos toma en sus brazos, cura las heridas de nuestro corazón y nos mantiene de pie a pesar de todas las adversidades. Cobijados por su Espíritu Santo, experimentamos fe tras fe, milagros todos los días.

Es fácil adorar cuando nuestros corazones están alegres. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a momentos dolorosos, nuestros labios se aprietan y cuando decimos algo, es para murmurar o quejarnos de nuestra suerte. Elegir adorar a Dios todo el tiempo es lo mejor que podemos hacer, porque mientras adoramos al Señor, podemos ver con mayor claridad, aún en la dificultad, cómo Él pone las cosas en orden, cómo calma nuestros corazones y nos da Su visión de la situación.

Vamos entonces, no desmayemos, no dejemos de confiar, ¡vivamos para adorar al Señor, en las buenas y en las malas y abramos nuestras manos y nuestro corazón, para recibir sus hermosas recompensas!

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