29 Jan
29Jan

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes. En todas mis oraciones por todos ustedes, siempre oro con alegría.
Filipenses 1:3-4

La carta de Pablo a los hermanos de Filipos es un llamado emocionante y animador. La distancia y la prisión no fueron capaces de impedirle orar por sus hermanos y estimularles a que hicieran la voluntad de Dios. 

¿Qué nos ha impedido orar por nuestros hermanos? ¿Nuestros problemas? ¿El cansancio? ¿Son esas cosas un impedimento real para que nos pongamos de rodillas en el suelo para interceder a favor de nuestros hermanos y amigos que necesitan ser alcanzados?

No te dejes engañar. Hasta Pablo, privado de su libertad, encontró medios para predicar la palabra y orar por sus hermanos. Como dijo Jesús: es mejor dar que recibir. Reservar un momento para orar por tus hermanos y amigos solo traerá bendiciones a tu vida. 

No debemos olvidar que Jesús es nuestro mejor amigo. Él se entregó a favor nuestro y nos dejó un mandamiento: Ámense los unos a los otros como yo los he amado.

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