17 Feb
17Feb

A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente. 

Salmos 16:8-9

Cuando David observó su vida, vio las huellas de Dios por todas partes. Nosotros también deberíamos entrenar todos nuestros sentidos, para notar los indicios de la presencia de nuestro Padre celestial, en cada uno de los casos que emprendemos, pues si algo es seguro, es que Él está con nosotros, en todos los instantes de nuestra vida. 

Pero no se trata de buscarle, de cuando en cuando, en los momentos que pensemos que sólo requerimos de su asistencia, sino de un estilo de vida, fiel, comprometido y de todo corazón.

Desarrolla un hábito que te ayude a alcanzar este objetivo, que no es estático, sino más bien de una perseverancia, sostenida y diaria: Antes de irte a dormir, intenta recordar los acontecimientos de tu día. Busca pruebas de la acción de Dios en aquello con lo que tuviste que lidiar. 

¿Cómo ha guiado Él esta decisión? ¿Respondió a esta pregunta? ¿Me ha protegido en esta situación? 

Apreciar la obra del Señor graba más profundamente en mi corazón la realidad de Su cuidado.

En el Sermón del Monte, Jesús dijo: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). En otras palabras, los que tienen la conciencia limpia desecharán los pensamientos y las palabras impías, llevándolos cautivos a la obediencia de Cristo (2 Corintios 10:5). 

Las pruebas del gran poder de Dios están por toda tu vida, si tan sólo las buscas. Ver el mundo con los ojos espirituales bien abiertos cambia la perspectiva de “no puedo” a “puedo porque Dios me capacita”. 

Vive con confianza, sabiendo que nuestro Dios amoroso y omnipotente está siempre observándote, cuidándote y guiándote.

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