12 May
12May

Y el que provoca la ira causará contienda. 

Proverbios 30:33

El Señor quiere que perdonemos a quienes nos han hecho daño, que no alberguemos resentimiento, amargura ni rencor contra nadie. Pero eso no siempre es tan fácil. Es asombroso cuánto dolor y devastación puede causar una persona o un grupo de personas. 

Tal vez alguien venga a tu mente en este momento. Tanto si la herida es reciente como si lleva ahí años, aún duele. Puede que incluso modifique tu forma de vivir, haciendo que evites situaciones o personas similares a la que te hirió.

Llegados a este punto, tienes una elección: puedes alimentar tu angustia y permitir que la amargura te domine, o puedes volverte al Señor y permitir que te cure. Recuerda que perdonar no significa aprobar lo que la persona ha hecho. Más bien significa que renuncias a tu resentimiento y rencor para que puedas ser libre. Esto es complicado y angustiante a veces. 

Pero, por favor, compréndelo: Cuanto más difícil sea perdonar a una persona, más importante es para tu salud espiritual, emocional, mental y física que lo hagas. 

Amig@, hay un poder impresionante en el perdón: evita que te vuelvas amargado, resentido y hostil. Cuando albergas amargura, tu comunión con el Señor se resiente. Así que cuando Dios te recuerde a las personas a las que debes perdonar, espero que no ignores Su voz. Decide valientemente enfrentarte a esos sentimientos y permite que el Padre te libere.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.