22 May
22May

Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

Marcos 4:40

Los discípulos de Jesús cruzaban el Mar de Galilea a sus órdenes. El Maestro, cansado por las luchas del día, dormía sobre una almohada en la popa de la barca. De repente, estalló una tormenta y la barca fue zarandeada de un lado a otro por el vendaval. Los discípulos intentaron resolver el problema con sus propias fuerzas, pero el mar se embravecía cada vez más y la barca no obedecía ninguna orden. Cuando la barca se llenó de agua, los discípulos quedaron invadidos por el miedo. Asaltados por el espectro del temor, no vieron otra alternativa que despertar a Jesús y gritarle: Maestro, ¿no te importa que perezcamos?

Jesús se despertó, reprendió al viento, calmó el mar y preguntó a los discípulos: ¿Por qué sois tan tímidos? ¿Cómo es que no tenéis fe? . Y de esas palabras del gran maestro podríamos nosotros hacernos la pregunta: ¿Por qué los discípulos, exhortados por el mismo Jesucristo, deberían tener fe y no miedo? 

En primer lugar, por las palabras de Él mismo: «Crucemos a la otra orilla». En segundo lugar, por la presencia de Jesús con ellos. En tercer lugar, por la paz de Jesús, que, aunque sabía de la tormenta, dormía tranquilo. En cuarto lugar, por el poder de Jesús, creador de la tierra y del mar.

En el camino de la vida, también nos sorprenderán las tormentas. No siempre estaremos en la capacidad de tener bajo nuestro control, todas las piezas o variables de una dificultad. Pero si Jesús va con nosotros, no necesitamos tener miedo; ¡solo necesitaremos tener fe!

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