08 Feb
08Feb

Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión Ante los ojos de Dios y de los hombres. 

Proverbios 3:1-4

Jesús impartió sabiduría a Sus seguidores, diciendo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:5). En nuestro camino como cristianos, apoyándonos en el Espíritu Santo, se manifestarán en nosotros dos aspectos clave.

Tenemos en gran estima la Palabra de Dios. Valorar algo significa que pensamos constantemente en ello, profundizamos en ello y nos esforzamos por comprenderlo a fondo. Mediante el estudio de las Escrituras, comprendemos mejor la naturaleza de Dios, Sus planes y Sus promesas. Meditar en la Biblia mejora nuestra capacidad de pensar de acuerdo con los principios bíblicos y fortalece nuestro vínculo con Dios. 

Un signo tangible de la valoración de Su Palabra es la transformación de nuestra conducta: nuestras elecciones se alinean más con Sus enseñanzas y nuestras acciones empiezan a reflejar las cualidades del Espíritu (Gálatas 5:22-23).

Encarnamos la bondad y la verdad. Estas dos cualidades deberían ser nuestras aliadas perpetuas. La verdad de Dios tiene la capacidad de revelar pensamientos y acciones injustos, tanto en nosotros mismos como en los demás. Cuando se produce esta revelación, la bondad actúa como salvaguardia, preservando las relaciones de cualquier daño. 

Dios desea que nos comuniquemos sinceramente unos con otros, pero es crucial que lo hagamos con un espíritu de amor compasivo.

A medida que continuamos nuestro camino con el Señor, Él nutre el crecimiento de Sus virtudes en nuestro interior y nos guía por Sus caminos.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.