24 Sep
24Sep

Cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen; Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará. Salmos 145:18-19

El “Sonido del Silencio” es un toque de trompeta que tocan los militares al final de cada jornada y en los funerales. Me sorprendió leer las distintas letras y descubrir que muchos versos terminan con la frase “Dios está cerca”. Ya sea antes del anochecer o mientras se llora la pérdida de un ser querido, sus palabras ofrecen a los soldados la reconfortante seguridad de que Dios está allí cerca, presente, atento a sus necesidades y a su dolor.

En el Antiguo Testamento, las trompetas también recordaban a los israelitas que Dios estaba cerca. En medio de la celebración de las fiestas y festivales que formaban parte de la alianza entre Dios y la nación de Israel, los judíos debían “tocar las trompetas” (Números 10:10). Tocar la trompeta era un recordatorio de la presencia de Dios, y de que el Señor estaba disponible cuando los israelitas más lo necesitaban, y quería ayudarles.

Incluso hoy, necesitamos recordatorios de que Dios está atento a nuestro clamor y listo para librarnos. Quizá nuestras oraciones puedan sonar como trompetas que invocan al Señor para que nos ayude. Y el hermoso estímulo es que los oídos de Dios están abiertos a nuestras oraciones (1 Pedro 3:12). 

A cada una de nuestras súplicas, Él responde con la certeza de Su presencia, que nos fortalece y consuela en las dificultades y adversidades de la vida.

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