16 Aug
16Aug

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”, 

Hebreos 10:24-25.

Hemos aprendido la importancia de profundizar en las escrituras, escudriñar la Palabra de Dios yendo más allá de las enseñanzas fundamentales. 

“Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno” (Hebreos 6:1-3).

Madurar espiritualmente significa que persistimos en la fe y vamos adquiriendo consistencia, es decir, hay coherencia entre lo que hablamos y lo que hacemos, como nos enseña la escritura: “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:11-12). 

Claramente no podemos alcanzar una madurez espiritual estando solos y aislados, sino ¿a quien podríamos imitar? Por esto requerimos edificarnos mutuamente y aprender de aquellos hermanos que reflejan una u otra virtud de Cristo, para que cada día nos parezcamos más a Cristo: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Entonces son tres aspectos de la madurez cristiana que podemos resumir: 

Primero, profundizar en el conocimiento de Cristo (Efesios 1:15-19). 

Segundo, mantenernos fieles y constantes (permanecer y perseverar como lo explica Jesús en Juan 15). 

Tercero, afianzar el carácter de Cristo en nosotros tomando de su plenitud (Gálatas 2:20, Juan 1:17). 

Todo lo anterior aplicado en la iglesia, en la congregación de los santos redimidos por Cristo, donde ponemos en práctica estos aspectos mencionados y donde nos vamos edificando unos a otros, estimulándonos al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24).Pero también hay un lugar donde en conjunto o de la mano con la iglesia vamos creciendo, es el matrimonio. De este tema reflexionaremos en el próximo devocional.

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