24 Nov
24Nov

Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. 

Mateo 5:12

Me sorprendió descubrir que la ONU publica un informe anual que clasifica la felicidad de los países. Siempre había imaginado que la felicidad era inconmensurable e independiente de criterios lógicos. 

Los criterios utilizados para esta medición se refieren a: el éxito económico, la elevada esperanza de vida, el apoyo social, el ocio, la libertad de acción, el sentido de la generosidad y la percepción o no de la corrupción. En conjunto, parecen demostrar que un país rico es un país feliz. Sin embargo, la realidad y la Biblia muestran algo muy distinto.

El tema importa porque todo el mundo se cree con derecho a poseerlo y quiere ser feliz. Por eso, como cristianos, es bueno pararse a observar las directrices de Jesús sobre este tema. Su opinión va en contra de la de la mayoría y, en algunos casos, parece incoherente, pero quien quiera ser feliz de verdad no puede ignorar las directrices del Maestro.

En Mateo 5:1-12, la felicidad según Jesús, la bienaventuranza, no consiste en tener, sino en ser y actuar. Se encuentra en la humildad, en el saber ser obediente con amor y compromiso a Nuestro Padre de los Cielos, en aceptar Su voluntad, en actuar con mansedumbre, en el deseo intenso de justicia, en la práctica de la misericordia, en la pureza de corazón, en la promoción de la paz, y alcanza su grado máximo en todos los sacrificios que conscientemente hacemos para renunciar hasta a nuestros deseos más preciados si ello significa continuar siendo discípulos de Jesús. En resumen, felices los que viven como nuestro Maestro, siendo sus verdaderos seguidores y esperando la recompensa que nos tiene reservada en el cielo.

¡Felices los que siguen las enseñanzas de Jesús!

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