11 May
11May

En la vida, muchas veces nos enfrentamos a desafíos, logros y momentos de gran alegría. En medio de todo esto, es importante recordar que la gloria no es nuestra, sino de Dios. Él es el autor de todas las cosas y merece todo el honor y la alabanza.

Cuando logramos el éxito en nuestros planes, no debemos enorgullecernos como si fuera únicamente mérito nuestro. Es Dios quien nos fortalece, nos guía y nos da oportunidades. Es él quien nos sostiene en los momentos difíciles y nos bendice abundantemente.

La Palabra de Dios nos enseña que debemos glorificar al Señor en todo lo que hacemos. En 1 Corintios 10:31 dice: «En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios». 

Esto significa que nuestras vidas deben reflejar la grandeza y la bondad de nuestro Creador en todos los ámbitos.

Cuando reconocemos que la gloria es de Dios, nuestra humildad aumenta y nuestra gratitud florece. Siempre debemos buscar vivir según la voluntad del Señor y ser instrumentos de su gloria en este mundo.

Recordemos en todo momento que la gloria pertenece a Dios y que él merece toda nuestra alabanza y adoración. En todas las circunstancias, él es digno de recibir el honor, porque él es el Señor todopoderoso, nuestro Salvador y sustentador de la vida.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.