18 May
18May

Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.
Efesios 4:32

Esa bondad nos ha transformado. Dios nos alcanzó a través de Jesucristo. El resultado de esta transformación es: amor, perdón y bondad hacia los demás. Al ser transformados por Cristo nos convertimos en instrumentos de la bondad de Dios, difundiendo su amor y su gracia. 

En Dios encontramos la fuente de nuestra salvación, porque su bondad es incomparable. Al entregarnos a él, experimentamos una profunda transformación en nuestros corazones. La gracia de Dios nos alcanzó a través de Jesucristo, el Salvador que nos rescata del pecado.

A medida que nos toca ese amor redentor, recibimos la capacidad para amar incondicionalmente, perdonando como hemos sido perdonados. La bondad que recibimos de Dios se manifiesta en nuestras actitudes hacia los demás, irradiando esperanza y compasión dondequiera que vamos.

Cuando aceptamos a Cristo como Señor y Salvador, nuestra vida se convierte en instrumento precioso de la bondad de Dios. Somos llamados a difundir su amor entre nosotros, llevando su mensaje de salvación y gracia a todos los corazones sedientos.

Seamos embajadores de la bondad de Dios, mostrándole al mundo la esperanza y la restauración que encontramos en su amado Hijo. Que la llama del amor siga ardiendo en nosotros, para que todos puedan ser testigos de la grandeza del Señor al que servimos.

¡Dios es bueno! Su bondad resultó en nuestra salvación.

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