30 Oct
30Oct

Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar. Colosenses 4:3-4

La Escritura nos recuerda en Colosenses 4:3 la importancia de orar para que Dios abra una puerta que permita difundir el mensaje de Cristo, incluso en circunstancias difíciles, que en el contexto del versículo de hoy es el encarcelamiento del apóstol Pablo. A menudo, en nuestra propia vida, nos encontramos con puertas cerradas que parecen obstruir nuestro camino. En esos momentos, ¿cómo debemos responder? Nuestra mejor herramienta es la oración. Al humillarnos ante el Dios Todopoderoso, podemos presenciar cómo, de manera majestuosa, Dios puede abrir puertas aparentemente inaccesibles.

El punto crucial es creer que nuestras peticiones serán respondidas, siguiendo el principio de “elegir cualquier cosa del menú”. Al igual que en un restaurante, presentamos nuestro pedido con la confianza de que será satisfecho, incluso antes de que el mesero lo sirva en nuestra mesa. En la vida cotidiana, oramos y esperamos con fe.

Es importante recordar que, aunque es fundamental expresar nuestras peticiones con fe, algunos cristianos pueden caer en el error de creer que tienen el poder de traer cosas a la existencia por sí mismos, sin haber recibido una invitación previa del Señor para hacerlo.

La Biblia nos ofrece valiosos versículos que revelan la disposición de Dios para obrar en favor de sus hijos. Incluso las puertas que parecen cerradas de manera irreversible pueden recibir un golpe de gracia divino que las haga abrirse de par en par. ¿Qué puertas cerradas enfrentamos hoy? ¿La puerta a una nueva oportunidad laboral, las perspectivas para nuestros hijos, la realización de un hogar estable o la estabilidad económica?

No hay puerta que pueda resistirse al poder de Dios. Hoy, creemos que veremos puertas que se abren.

En nuestras oraciones, reconocemos nuestra limitación para abrir esas puertas cerradas, pero acudimos ante Dios con la certeza de que, en su tiempo perfecto, las abrirá.

Que El Señor abra hoy las puertas de Tu vida que convengan para Tu bien, según Su maravillosa voluntad.

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