07 Feb
07Feb

Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. 

Mateo 18:13-14

En Mateo 18:10-14, Jesús presenta a Sus discípulos un escenario que invita a la reflexión. Les pide que piensen en un pastor que tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde. Jesús les pregunta si el pastor no dejaría a las noventa y nueve en el monte para buscar a la que se ha perdido. Esta parábola ilustra una profunda verdad sobre el valor de cada individuo a los ojos de Dios.

La historia nos invita a reflexionar sobre nuestros propios valores y prioridades. En un sentido práctico, perder una oveja de cada cien podría parecer insignificante. Sin embargo, Jesús utiliza esta parábola para transmitir una perspectiva diferente, una en la que cada “pequeña” es inmensamente valiosa.

Esta enseñanza de Jesús subraya el contraste entre la valoración divina y la humana. En opinión de Dios, cada “pequeño” es insustituible y digno de gran cuidado y atención. Ningún individuo se da por perdido ni se considera prescindible. Este mensaje es tranquilizador, pues nos asegura el cuidado atento de Dios por cada uno de nosotros, semejante a la preocupación de un pastor por cada oveja.

Además, este pasaje nos desafía a emular este enfoque compasivo e inclusivo en nuestras propias vidas. Es una llamada a extender la gracia y el cuidado a los que podrían ser pasados por alto o infravalorados por las normas sociales. La gracia de Dios nos capacita para emprender esta tarea, permitiéndonos mostrar compasión y cuidado de un modo que refleja el corazón de Dios.

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