29 Feb
29Feb

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. 

Filipenses 4:7 

¿No resulta sorprendente, que Pablo escribiera el pasaje de hoy cuando se encontraba en la cárcel, prácticamente esperando la materialización de la más probable condena a muerte? aún, cuando específicamente no tenía certeza de lo que le depararía el futuro -si lo liberarían, lo castigarían o lo matarían-, el panorama no resultaba muy alentador, pero con su perseverante trabajo en la maduración de Su fe, Pablo había aprendido a estar contento en todas las circunstancias, buenas o malas. 

¿Cuántos de nosotros podemos afirmar lo mismo?

Nuestra naturaleza imperfecta, nos lleva a sentir descontento cuando no podemos controlar todo aquello que nos sucede. Y mientras nuestra satisfacción dependa de que ciertas cosas salgan bien, las circunstancias seguirán robándonos la paz. 

Pablo no estaba diciendo que nunca volveríamos a experimentar ansiedad o frustración; más bien, nos invitaba a pensar que lo más importante, es cómo respondemos cuando esos sentimientos nos atrapan.

Esto es algo que Pablo tuvo que aprender. Soportó enormes sufrimientos, desde naufragios y hambre hasta encarcelamientos injustos y azotes (2 Corintios 11:24-30). Sabía tan bien como cualquiera que las situaciones pueden ser dolorosas y aparentemente desesperanzadoras. Pero finalmente descubrió que la verdadera satisfacción procedía de Jesús, no de la situación en la que se encontraba.

¿Cómo respondes cuando las circunstancias escapan a tu control? Pablo eligió entregar sus ansiedades a Jesús a cambio de una paz que “sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7).

Esa misma paz está disponible para ti y para mí.

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