17 Nov
17Nov

Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio.

Isaías 54:17

Cuando surgen conflictos en tu vida, es comprensible que te preguntes ¿Cuándo me comprometo? Jesús nos llama a perdonar, pero ¿cuándo es el momento de luchar contra la injusticia? ¿Y hasta dónde debo llegar? 

Al fin y al cabo, no todas las desavenencias con otras personas, aún más cuando se trata de familiares, o amigos cercanos, son meros contratiempos fáciles de pasar por alto. A veces te enfrentas a una guerra total en la que no hay soluciones fáciles ni forma de evitar las embestidas que se dirigen hacia ti. La prueba que te espera puede alterar tu vida, ser angustiosa e incluso afectar a tus seres queridos. 

Entonces, ¿qué puedes hacer?

Por supuesto, el perdón siempre es necesario. Pero cuando surgen batallas del tamaño de Dios, es arrogante pensar que puedes manejarlas tú solo con tu propia fuerza, astucia política, armamento o diplomacia. De hecho, puede que el Padre haya permitido esta guerra para enseñarte que estos conflictos nunca son realmente tu responsabilidad en absoluto. Más bien, siempre le pertenecen a Él. Así que no tienes que idear un plan: el Señor librará tus batallas por ti. 

Él te lo promete: “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.” (Isaías 54:17).

Así pues, si hoy te enfrentas a una batalla o a ataques injustos, aparta tu arrogancia tus armas, estrategias y recursos terrenales, así como tu derecho a entablar el conflicto en tus términos. En lugar de ello, permite que el Señor sea tu Comandante en Jefe, y obedécele sin temor. Nadie puede enfrentarse a tu Defensor, y con toda seguridad, “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” (Éxodo 14:14)

Y ése será siempre el camino incontestable hacia la victoria.

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