20 Jan
20Jan

¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes? 

Proverbios 30:4

Como Aquel que estableció la tierra y las leyes que rigen la naturaleza y la humanidad, Dios consideró oportuno exigir una ofrenda de sangre para perdonar el pecado. Entonces, en Su compasión, el Señor anunció cómo podrían ser limpiadas las personas imperfectas: los sacerdotes ofrecerían un sacrificio animal para cubrir sus iniquidades. 

Sin embargo, ese sistema era imperfecto, una mera alerta ante el problema del pecado (Romanos 7:7). Pero en la cruz, Dios aceptó un derramamiento final de sangre como pago único por todas nuestras iniquidades. El sacrificio de Jesucristo pagó todas nuestras transgresiones para que pudiéramos reconciliarnos con el Padre.

Por eso es tan importante el nombre de Jesús, que significa Dios salva. Su nombre ha sido designado como la llave de todas las bendiciones del cielo. Él ha allanado el camino para que tengas acceso al Padre y disfrutes de Su voluntad.

Cualquiera que le haya recibido como Salvador personal puede acercarse con confianza al trono de Dios Todopoderoso para pedir ayuda en tiempos de necesidad (Hebreos 4:16). 

Jesús es el Único “poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas 1:24). 

Verdaderamente, ¡hay poder en el nombre de Jesús!

Así pues, invoca hoy el nombre de Jesús y proclámalo por todas partes. 

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12). 

Y un día, “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:10-11).

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