19 Jan
19Jan

Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 

Hebreos 11:3

La fe es mucho más que una creencia pasiva; es una confianza activa y dinámica que resuena en lo más profundo de nuestras almas. Es una confianza firme en las promesas de Dios y una creencia sólida en Su fidelidad. En momentos de duda e incertidumbre, es nuestra fe la que nos guía, iluminando nuestro camino.

El primer versículo de Hebreos 11, nos ilustra la naturaleza de la fe: “es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”

Esta poderosa afirmación nos invita a vivir en un estado de confianza, que tranquiliza nuestros corazones y asienta nuestras almas. Nos recuerda que nuestra esperanza está firmemente depositada en un Dios amoroso y todopoderoso.

En los momentos difíciles, nuestra fe se convierte en un santuario que nos tranquiliza y nos asegura que El Señor siempre está a nuestro lado. Nos anima a dar pasos de obediencia, incluso cuando parecen desalentadores o imposibles. La fe también nos da la fuerza para afrontar las dificultades con valentía, seguros de que Dios hace todo en nuestro beneficio.

Nuestro Padre Celestial nos llama a vivir una vida de fe (2 Corintios 5:7), instándonos a soltar nuestras dudas y temores y a ponerlos en Sus manos. Desea que confiemos en Sus promesas, incluso cuando nuestra situación actual parezca sombría, permitiéndonos mirar más allá de lo tangible y centrarnos en lo eterno. 

Al hacerlo, descubrimos la fuerza, la paz y la presencia reconfortante de Dios, que nos guía en todo momento.

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