23 Oct
23Oct

Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no. Génesis 24:21

La palabra “providencia” expresa el control de Dios sobre todas las cosas y sus acciones hacia un fin que promueve como objetivo último, el bien. Entre los relatos bíblicos que ponen de relieve la acción de Dios en favor de sus hijos, destaca aquel en el que Abraham envía a su criado a buscar esposa para Isaac.

Según la costumbre de la época, Abraham, como padre, debía proporcionar una esposa a su hijo. Como las mujeres solteras del lugar donde vivían eran paganas, encargó a uno de sus siervos que viajara a la tierra de sus parientes, donde había cierto conocimiento del Dios verdadero, y trajera de vuelta una esposa para Isaac.

De los cientos de siervos de Abraham, éste era el más viejo, muy capaz y leal. Administraba todo lo que Abraham poseía. 

Cuando le envió, el patriarca le dijo que el ángel del Señor le precedería para que su misión tuviera éxito (Gn 24, 7). El criado partió obedientemente.

Cuando llegó allí, se enteró de que por la tarde muchas jóvenes iban a sacar agua del pozo de las afueras de la ciudad. Así que situó su caravana cerca y esperó. Rezó la siguiente oración: “¡Oh Señor, […] te ruego que me ayudes hoy y seas benévolo con mi amo Abraham! He aquí que estoy junto al manantial de agua y las hijas de los hombres de esta ciudad salen a sacar agua. Haz que la muchacha a quien yo diga: ‘Inclina el cántaro para que yo beba’, y ella responda: ‘Bebe, y yo daré de beber a sus camellos’, sea la que tú has designado para tu siervo Isaac” (vv. 12-14).

Apenas había terminado su oración, y Dios ya había respondido. Rebeca vino, y todo sucedió como el siervo había pedido. Para colmo, ella era de la familia de Abraham. ¡Perfecta! La acción de la Providencia fue tan notable que el siervo se postró y adoró al Señor, bendiciendo su nombre (vv. 26, 27). 

Cuando la familia de la muchacha se enteró de estas cosas, le dijeron: “Esto viene del Señor […]. Aquí está Rebeca; llévatela contigo y que sea la esposa del hijo de tu amo, según la palabra del Señor Dios” (vv. 50, 51).

Hoy, porque usted es hijo de Dios, la Providencia quiere bendecirle. Haz como el siervo de Abraham: Ora, comprométete, confía y luego da gracias.

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