10 Feb
10Feb

Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. 

2 Samuel 11:4

Las tentaciones pueden surgir en cualquier momento, pero son especialmente peligrosas en los periodos de debilidad en los que las pruebas tocan nuestra puerta, porque es cuando somos más propensos a ceder. Las Escrituras están llenas de descripciones de hombres y mujeres que cayeron en los lazos del pecado y actuaron en contra de las leyes del Señor en momentos de vulnerabilidad. Estas historias reales se nos dan para que aprendamos de los errores de los demás (1 Corintios 10:11).

Aunque las tentaciones adoptan formas diversas, siguen un patrón similar. El pecado de David es un buen ejemplo de tal situación. Su voluntad, su visión nubladas lo llevaron en un segundo, a una situación de perdición. 

Resistirse es difícil en momentos en que la ocasión que se nos muestra aparentemente favorable, atrae nuestro sentidos y confunde nuestra voluntad, pero lo es aún más durante los periodos de ira, vacío, ociosidad o aislamiento, en el que dichos sentimientos, propios de la debilidad del carácter humano en Su naturaleza imperfecta, puede dominarnos, cuál fue el caso de David, que debería haber estado en la batalla en vez de en Jerusalén (2 Samuel 11:1).

Al fin y al cabo, sea cual sea la causa de la vulnerabilidad, cada persona es responsable de sus actos.

En momentos de debilidad, recuerda que lo que ayudo a grandes héroes de la fe a mantenerse en el camino de Dios, fue su firmeza. No te dejes llevar por el hambre, el enfado, la soledad o el cansancio, es decir, mantente FIRME. Y lo que es más importante, fija tu atención en el Señor y saca fuerzas de Él mediante la oración. 

Utiliza las Escrituras para proteger tu mente, y el Señor te dará la victoria sobre la tentación.

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