27 Feb
27Feb

Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos. 

Isaías 26:19

El llamamiento de la escritura de hoy, es al despertar y al adorar, se dirige a los y las que habitan en el polvo. El mundo está lleno de ellos, y de nosotros que alguna vez sentimos el peso de la derrota: los que habitan en las oscuras celdas del amor y la fe decepcionados, o los que han fracasado en el propósito de su vida, o los que, como Bartimeo, están ciegos y reducidos a la pérdida de la esperanza por las tormentas que han azotados sus vidas.

Puede que hayas perdido todo sentido de la cercanía y el amor de Dios, no por haber caído en el pozo oscuro del pecado, sino por debilidad física, agotamiento mental o la soledad de la pena y el sufrimiento de tus dificultades. Puede que hayas estado buscando una experiencia de Dios, en lugar de Dios mismo. Le has buscado fuera, cuando Él está dentro.

Puede que estés perplejo ante el misterio de una oración sin respuesta. Sin embargo, no recibes respuesta del Padre, y tus oraciones parecen naves perdidas en el mar.

Puede que tu vida no haya realizado sus primeros ideales. A medida que avanzan los años, nos arrastran a la desilusión y a la angustia.

A todos ellos y a nosotros les transmitimos las palabras del profeta Isaías: “Despierta y canta, porque tu rocío es como rocío de luz”. 

El rocío se refiere aquí a la gracia y al amor de Dios. En lugar de polvo habrá rocío, que se desliza tan suave y silenciosamente sobre la tierra. 

Canta y adora! 

Todos estamos sujetos a ataques de abatimiento, pero de ser librados estamos por Nuestro Padre de los cielos, estamos aún mucho más seguros. 

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