15 Sep
15Sep

Hallaremos riquezas de toda clase, Llenaremos nuestras casas de despojos. Proverbios 1:13

El dinero adquirido mediante la violencia es una maldición. La riqueza obtenida a través del robo y el daño a otros, además causando un derramamiento de sangre se vuelve en el combustible para destruir a los propios transgresores. No es pecado el tener posesiones materiales, lo que se considera, ser rico; es pecado amar el dinero. No es pecado tener dinero; el problema es que el dinero nos ate a nosotros. No es pecado tener dinero en nuestros bolsillos; el problema es entronizar el dinero en el corazón.

Muchas personas, cegadas por su amor al dinero, mienten, roban, secuestran y matan. Otros, por amor al dinero, se casan y se divorcian, corrompen y son instrumentos de corrupción para otros, distorsionan la ley en su beneficio y la pervierten como ventaja. La motivación de su violencia recae siempre en el deseo de acumular bienes materiales. 

El brillo de la riqueza ha fascinado a multitudes, convirtiendo a muchos hombres en bestias, a jóvenes en monstruos, a buenas personas en ladrones incorregibles. La codicia insaciable es el terreno donde se siembran las semillas de los crímenes más atroces.

Como cristianos, estamos llamados a llevar una vida honesta e íntegra, aunque parezca más fácil tomar atajos o participar en prácticas poco éticas. Debemos resistir la tentación de perseguir el dinero a toda costa y, en su lugar, tratar de honrar a Dios en todo lo que hacemos. Que seamos personas de carácter fuerte que eligen caminar por los caminos de la sabiduría, sabiendo que la verdadera riqueza se encuentra en una vida vivida con integridad y en fiel obediencia a la Palabra de Dios.

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