01 Feb
01Feb

Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 

Gálatas 5:16

Hay una batalla constante a la que te enfrentas cada día: sucumbir a los impulsos de tu corazón o elegir caminar en obediencia a Dios. Puede que no lo percibas como una lucha, pero lo es. Y no es fácil.

Una vez que aceptas a Jesús como tu Salvador, Él te da la vida para que pueda ser tu vida: vivir a través de ti para que puedas experimentar la verdadera plenitud, el fruto eterno y la victoria final. Esto no significa que tengas que dedicarte constantemente a actividades “espirituales”. Más bien significa que permites que Su Espíritu reine en ti, guiándote, dándote energía y capacitándote para las tareas que Él te llama a realizar. 

Cada día, cada circunstancia, reto y encuentro es una oportunidad para obedecerle a Él o para expresar tu propia voluntad. El grado en que te sometas a Su control es el grado en que experimentarás a Cristo como tu vida (Gálatas 5:16-17).

Por ejemplo, supón que en el trabajo oyes a un amigo hablar críticamente de tu rendimiento. Más tarde, ese mismo día, te encuentras con esa persona en la sala de descanso y te invade la ira. Pero comprendiendo que el perdón es la única respuesta bíblica, entablas una conversación. Quizá incluso ores por tu amigo en relación con una necesidad apremiante. 

En ese punto de obediencia -al ceder a la dirección del Espíritu- estás experimentando la vida sobrenatural de Cristo.

No estás obedeciendo a tu corazón; estás siguiendo a Jesús, y ése es el mejor camino hacia la vida. La batalla merece la pena. Ciertamente, tus elecciones que honran a Cristo marcarán la diferencia hoy y también en la eternidad.

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