19 Feb
19Feb

Aunque la higuera no florezca, ni haya frutos en las vides;
aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos;
aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos;
aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador!
El Señor omnipotente es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela
y me hace caminar por las alturas.
Habacuc 3:17-19

El profeta Habacuc estaba perplejo con la injusticia, iniquidad y opresión que había en Judá. Él cuestionaba a Dios acerca del castigo debido para los corruptos y violentos de su pueblo.

¿Cuántas veces nosotros también cuestionamos y nos lamentamos sobre la situación caótica que enfrentamos en nuestro país?

Pero, felizmente, el profeta no se limitó solo a quejarse. Él aguardó la respuesta del Señor y confió. A pesar de no comprender lo que Dios haría, él alabó al Señor de todo corazón. Sin importar las circunstancias, él tomó la decisión de confiar plenamente en Dios.

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