09 Jul
09Jul

No olvides que Jesús también lavó tus pies para que puedas amar y perdonar sin reservas.

Juan 13:10, 14, 15, 34 (LBLA)   

 10 Jesús le dijo: El que se ha bañado no necesita lavarse, excepto los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos. 

14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.

15 Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 

34 Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. 

Compartir El dolor emocional de una persona puede penetrar hasta las profundidades de su corazón y puede ser como una espina que le impide poder amar y perdonar sinceramente. 

Para poder amar y perdonar se requiere que alguien saque esa espina del corazón.

Pero

 ¿cómo puede uno sacar esa espina? ¿Cómo puedo amar y perdonar a esas personas que me escupen, traicionan, y traen tanto dolor? 

Una de las verdades más asombrosas fue que Jesús amó y les lavó los pies a Sus discípulos, aunque sabía que ellos luego lo abandonarían (Marcos 14:50).

 Fue increíble el hecho de cómo Jesús estuvo lavando los pies de Pedro, quien lo negaría tres veces (Lucas 22:54-62)

Pero aún más inconcebible fue cómo Jesús amó y lavó los pies de Judas, quien luego lo traicionaría (Juan 13:11, 27).

 Con un pleno conocimiento de que Él iba a ser abandonado, negado, y traicionado, Sus acciones representaron las palabras: “te estoy amando, te estoy perdonando”

Si tan solo Judas hubiera entendido esto, es posible que él se hubiera arrepentido, pero Satanás ya se había apoderado de su corazón (Juan 13:2)

Este acto sorprendente debe dirigir nuestra atención a nuestro propio corazón. 


¿Cuántas veces hemos abandonado a Jesús? ¿Cuántas veces hemos negado al Señor? ¿Cuántas veces hemos traicionado a Jesús una y otra vez? 

Aun, Jesús nos muestra que de la misma manera que Él amó y perdonó a Sus discípulos momentos antes de Su muerte, Su disposición para amarnos y perdonarnos no es diferente. Así, Jesús nos enseña que la única manera para poder amar y perdonar sin reservas es ver cómo en amor, Él también espiritualmente lavó nuestros pies y nos perdonó en la cruz.

AGRADECE por ese amor incondicional que Jesus te brinda hoy.


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